viernes, 26 de diciembre de 2008

Autocrítica

La autocrítica es la capacidad de poder reconocer la propia miseria y en consecuencia, tratar de mejorarla. La autocrítica le permite al sujeto conocerse mejor y mejorarse día a día. Lamentablemente no todo el mundo está preparado para ella.

La Proyección como fenómeno defensivo suele ser una precaria herramienta neurótica capaz de permitirle al sujeto evadir la autocrítica. De esta forma, no es él el que posee el defecto, sino un otro. La Proyección puede tener muchos niveles de sofisticación, es el más precario de ellos es el que me enoja terriblemente.

Leyendo una página que se llama "Basta de Cumbio" dedicada a criticar el fenómeno de los "floggers", encontré muchos mensajes apoyándolos, incluso de chicos que tranquilamente entran en la descripción de "flogger" del post al cual estaban vitoreando. Fue terrible para mí leer cosas como "wueno0 yo0 so0ii flogger,pero0 no0 s0opo0rto0 a la go0rdiita essa diig0o yo0 “quiien se cree qe es..." "...wueno0 lo0s apoyo con lo0 de la gordiita". Fue terrible para mí. automáticamente recordé que este es un fenómeno usual en la sociedad.

ME QUEJO DE LO QUE SOY PERO NO ME DOY CUENTA = (Autocrítica rudimentaria)

Lamentablemente, no es necesario ser un erudito para pasar vergüenza ajena delante de cosas como las que voy a detallar a continuación:
- "Estaba re gorda la hija de puta". (Nora, mujer con sobre peso evidente).
- "Esa negra de mierda" (Irma, no precisamente una mujer "rubia de ojos claros").
- "A estos chorros de mierda hay que matarlos a todos" (Raúl, que compraba celulares robados para revenderlos).
- "Pobre... es una borracha de mierda" (Noelia, con los ojos vidriosos y un vaso lleno de alcohol en su mano derecha).

jueves, 18 de diciembre de 2008

Mi primer insulto psicológico

No soy un tipo peleador. Me enojo por casi cualquier cosa, pero no suelo ser peleador. Aprendí con el tiempo a simplemente ignorar a la gente imbécil.

Pero, cuando me enojo demasiado y mi fantasía no alcanza, suelo contestar mal. Alguna de esas veces lo que contesto es alguna incoherencia que solo yo entiendo, producto de mis nervios. Otras, salen de mi boca frases majestuosas que suelo quedarme repitiendo una y otra vez en mi mente, asombrado de lo que dije.

Viajando en un colectivo repleto de gente, sostenido simplemente por la presión de los cuerpos entre sí y sin necesidad ni posibilidad de colgarme de ningún pasamanos, una señora comenzó a empujarme salvajemente. Yo estaba parado justo al lado del piso levantado por la rueda del colectivo, por lo que si me seguía empujando caía redondo al piso.

Oligofrénica: ¡¿Te podés correr nene?!
Psicólogo Enojado: ¿No se da cuenta señora que no me puedo correr más?
Oligofrénica: ¡Yo tengo que pasar!
Psicólogo Enojado: ¿No ve señora que esta la rueda ahí y no puedo moverme?
Oligofrénica: (empujándome salvajemente) ¡Me tengo que bajar!
Psicólogo Enojado: (Cansado del manoseo) ¡Señora! ¿Se olvidó de tomar el Haloperidol?
Oligofrénica: ...

Y el silencio fue sentencia. Aplastando a alguien más, logró pasar y se bajó. Yo creo que si la insultaba vulgarmente, la señora oligofrénica me hubiese seguido gritando. Esa respuesta la debe haber descolocado. Si le gritaba "vieja loca póngase el chaleco de fuerza" me hubiese pegado como mínimo. Sin embargo le pude decir lo mismo, sentí el mismo alivio y la señora oligofrénica no lo supo.

Desde ese día, pronto a recibirme, entendí que no solo estaba siendo maldecido por el entendimiento extra del discurso ajeno, sino que también estaba adoptando una nueva modalidad de respuesta incoherente, pero que me dejaba con la satisfacción de insultar a los demás sin que me entiendan.

martes, 16 de diciembre de 2008

El Ideal de psicólogo según Liza

Esta semana me tocó vivir la ingrata experiencia de escuchar a una colega hablar, sin darse cuenta, de como ella se veía como psicóloga.

Cuando empecé a estudiar, fui atraído a esta noble profesión por mi vocación de servicio sumada a mi necesidad de sentirme útil a la sociedad y a mi experiencia temprana en un consultorio psicológico.

Pero al escuchar las palabras de Liza (Nombre de fantasía que encierra el nombre real), mis sueños de una utopía de psicólogos trabajando en pos del beneficio científico y la mejora del padecer psíquico se vieron derrumbados.

Cualquiera que imagine una charla de psicólogos, creerá inocentemente que tendrán profundas conversaciones sobre las patologías mentales y sus causas aparentes. Pero Liza comentaba orgullosa, en una mesa llena de psicólogas (y yo), que era lo que la motivaba a ejercer su profesión.

Liza: ¡¡No saben que lindo nos quedó el consultorio!!.

Mona: (Amiga y socia de Liza) Di - Vi - No

Liza: Por que con Mona lo decoramos todo recauchutando cosas de cada una. ¡No saben!. Yo tenía un silloncito verdecito hermoso que hacía juego con unos almohadones verdes de Mona y quedaron esplendidos. Pintamos de Violeta una sola pared y quedo fantástica. En mi consultorio puse un escritorio y una biblioteca donde voy a poner todos los libros...

Psicólogo Enojado: -- cara de nada -- (Seguramente, en su empaque original)

Liza: ... y estaba pensando en poner unas cortinas nuevas pero lo voy a dejar para más adelante.

Psicólogo Enojado: (No vaya a ser que lo termines de decorar y te jubiles, como la mortaja que al terminar de ser tejida por Amaranta, anunciaría su muerte al anochecer).

Liza se ve a si misma como la exitosa psicóloga sentada cómodamente en su sillón/trono imperial, detrás de su escritorio/altar donde es reverenciada por los súbditos/pacientes que nutren su auto-imagen y le permiten esconderse del ama de casa que lleva dentro. Por eso, su palacio/consultorio debe estar lujosamente adornado, reflejando su poder y gloria infinitos.

Cuando le comenté esto a mi psicóloga, ella me dijo sabiamente "si tanto necesitaba decorar una oficina, hubiese abierto una agencia de turismo en lugar de estudiar tantos años en la universidad".

La "Paciente".

Creo que muchos psicólogos estarían de acuerdo conmigo cuando afirmo que -siempre existe algún oportunista tratando de hacer "terapia gratis"-. Pero el tiempo ayuda al joven profesional a construir mecanismos defensivos en contra de estos pedidos. Recuerdo un profesor en la universidad que nos recomendaba -... si alguien les pide que le interpreten un sueño, escúchenlo y cuando termine de hablar, díganle que lo que soñó tiene que ver con su homosexualidad reprimida...". Ha sido útil para mí en muchos casos ya que el objetivo de esta técnica es que el sujeto piense dos veces antes de requerir nuestra "mirada profesional".

Pero cuando el que requiere "terapia gratis" es un colega... la cosa se pone turbia.

Hace cosa de unos meses una colega me ha estado utilizando indirectamente como supervisor y como terapeuta. Sus numerosos llamados telefónicos semanales comenzaron de forma agradable, luego, manipulando mi bondadoso ser para ofrecerle alguna "directiva" y por último, convertidos en una masa indefinida de angustia, quejas y berrinches que me dejan con dolor de cabeza y sin poder recordar la "matricula" del camión que me pasó por encima.

La última vez fue espantosa. Me encontraba placidamente instalado en mi hogar, haciendo nada (cual propaganda de John Foos), descansando de una semana de trabajo. El insistente sonar del teléfono movió mi perezoso trasero al tubo y me encontré con la grata sorpresa de su voz. Como siempre la conversación empezó con algún chisme de personajes en común (la buena carnada que me cuesta evitar) para terminar en una bola de información respecto a gente que, no conozco, no me interesa y no quiero conocer.

Y aquí es donde mi "problema" surge. Me es imposible hacer oídos sordos. No pude evitar escuchar sus pesares. Pero este no es el problema. Lo que me saca de quicio es ver mas allá de lo que sus palabras dicen. Cualquier psicólogo más o menos experimentado y con algunos años de terapia sabe que, cuando uno no puede dejar de quejarse de algo, es por que algo de sí mismo está implicado en eso. Generalmente uno se da cuenta, se calla y espera su hora de terapia semanal para entender el nudo de la cuestión. Pero ella es distinta. Lejos de advertir su angustia y su queja sin sentido, se descarga conmigo esperando que le de una interpretación.

No me cabe en la cabeza que un psicólogo no pueda minimamente "tratar de escuchar lo que está diciendo". ME ENLOQUECE QUE SE QUEJEN ABIERTAMENTE UNA Y OTRA VEZ DE ALGO QUE EVIDENTEMENTE LES PERTENECE. ¿¿¿NO SE DAN CUENTA DE QUE QUEDAN PARA EL CULO???.

Extracto de la última conversación:

Histérica®: ¿Te puedo contar algo?
Psicólogo Enojado: Te escucho…
Histérica®: Mi amiga me mando a la hija para que pase unos días, tengo que ir a buscarla a la terminal en un par de horas!! ¿Cómo se le ocurre hacer eso?
Psicólogo Enojado: ¿No será que vos la invitaste y no te acordás?
Histérica®: Bueno, si… siempre invito a todo el mundo a mi casa…
Psicólogo Enojado: (Masticando IRA)
Histérica®: Bueno la cosa es que me quería mandar a la hija de la hija también y ¿a vos te parece? ¡Yo teniendo que cargar con un crío que no es mío! Así que le dije que era muy peligroso traerlo acá que andaban robando bebes por todos lados. Mi amiga se asustó y me mando solo a la hija.

Cuatro días después.
Histérica®: ¿Te puedo contar algo?
Psicólogo Enojado: Te escucho…
Histérica®: Ya se fue la hija de mi amiga. ¡¡No sabés lo que me dijo!! ¡Que la madre no le había dejado traer el nene por que acá roban bebés!. Yo no se de donde sacó semejante estupidez mi amiga.
Psicólogo Enojado: (Indignado). ¿Vos te escuchas lo que estás diciendo?
Histérica®: ¡Por supuesto! Mi amiga siempre inventa cosas, como si allá no robaran bebés.
Psicólogo Enojado: (Pensando en denunciarla al ministerio por posesión ilegítima de matricula profesional) ¿Dónde pudo haber escuchado “semejante estupidez”?
Histérica®: En Crónica, obvio. Ella siempre mira Crónica.
Psicólogo Enojado: (Imaginando una placa roja con su nombre y el mío vinculados a través de la palabra “asesinato”) ¿Te acordás lo que hablamos hace cuatro días?
Histérica®: No.
Psicólogo Enojado: Te voy a decir dos cosas. Se lo dijiste vos para que, justamente, no traiga a la hijita. Empezá terapia por el amor de Dios.
Histérica®: Hay… yo no dije eso.
Psicólogo Enojado: ¿Vos te das cuenta que estás haciendo terapia conmigo?
Histérica®: ¡¡Yo te llamo como amigo, no para que me analices!!
Psicólogo Enojado: ¿Vos me estás jodiendo? Vivís adentro de un lapsus cuando hablás conmigo, esperás mi opinión “profesional” todo el tiempo y ¿no estás haciendo terapia conmigo?
Histérica®: Está muy mal que me analices.
Psicólogo Enojado: Si te analizara de verdad, te interno.
Histérica®: No seas malo.
Psicólogo Enojado: Malo sería si te dejara andar por la vida haciendo el ridículo como lo estás haciendo ahora. ¡Tenés suerte de que sea yo el que te está escuchando y no otro colega que saque peores conclusiones!
Histérica®: Bueno, por eso mismo hablo con vos y no con otro.
Psicólogo Enojado: Voy a hacer de cuenta que no dijiste eso y que en su lugar dijiste “la semana que viene empiezo terapia”.