martes, 16 de diciembre de 2008

La "Paciente".

Creo que muchos psicólogos estarían de acuerdo conmigo cuando afirmo que -siempre existe algún oportunista tratando de hacer "terapia gratis"-. Pero el tiempo ayuda al joven profesional a construir mecanismos defensivos en contra de estos pedidos. Recuerdo un profesor en la universidad que nos recomendaba -... si alguien les pide que le interpreten un sueño, escúchenlo y cuando termine de hablar, díganle que lo que soñó tiene que ver con su homosexualidad reprimida...". Ha sido útil para mí en muchos casos ya que el objetivo de esta técnica es que el sujeto piense dos veces antes de requerir nuestra "mirada profesional".

Pero cuando el que requiere "terapia gratis" es un colega... la cosa se pone turbia.

Hace cosa de unos meses una colega me ha estado utilizando indirectamente como supervisor y como terapeuta. Sus numerosos llamados telefónicos semanales comenzaron de forma agradable, luego, manipulando mi bondadoso ser para ofrecerle alguna "directiva" y por último, convertidos en una masa indefinida de angustia, quejas y berrinches que me dejan con dolor de cabeza y sin poder recordar la "matricula" del camión que me pasó por encima.

La última vez fue espantosa. Me encontraba placidamente instalado en mi hogar, haciendo nada (cual propaganda de John Foos), descansando de una semana de trabajo. El insistente sonar del teléfono movió mi perezoso trasero al tubo y me encontré con la grata sorpresa de su voz. Como siempre la conversación empezó con algún chisme de personajes en común (la buena carnada que me cuesta evitar) para terminar en una bola de información respecto a gente que, no conozco, no me interesa y no quiero conocer.

Y aquí es donde mi "problema" surge. Me es imposible hacer oídos sordos. No pude evitar escuchar sus pesares. Pero este no es el problema. Lo que me saca de quicio es ver mas allá de lo que sus palabras dicen. Cualquier psicólogo más o menos experimentado y con algunos años de terapia sabe que, cuando uno no puede dejar de quejarse de algo, es por que algo de sí mismo está implicado en eso. Generalmente uno se da cuenta, se calla y espera su hora de terapia semanal para entender el nudo de la cuestión. Pero ella es distinta. Lejos de advertir su angustia y su queja sin sentido, se descarga conmigo esperando que le de una interpretación.

No me cabe en la cabeza que un psicólogo no pueda minimamente "tratar de escuchar lo que está diciendo". ME ENLOQUECE QUE SE QUEJEN ABIERTAMENTE UNA Y OTRA VEZ DE ALGO QUE EVIDENTEMENTE LES PERTENECE. ¿¿¿NO SE DAN CUENTA DE QUE QUEDAN PARA EL CULO???.

Extracto de la última conversación:

Histérica®: ¿Te puedo contar algo?
Psicólogo Enojado: Te escucho…
Histérica®: Mi amiga me mando a la hija para que pase unos días, tengo que ir a buscarla a la terminal en un par de horas!! ¿Cómo se le ocurre hacer eso?
Psicólogo Enojado: ¿No será que vos la invitaste y no te acordás?
Histérica®: Bueno, si… siempre invito a todo el mundo a mi casa…
Psicólogo Enojado: (Masticando IRA)
Histérica®: Bueno la cosa es que me quería mandar a la hija de la hija también y ¿a vos te parece? ¡Yo teniendo que cargar con un crío que no es mío! Así que le dije que era muy peligroso traerlo acá que andaban robando bebes por todos lados. Mi amiga se asustó y me mando solo a la hija.

Cuatro días después.
Histérica®: ¿Te puedo contar algo?
Psicólogo Enojado: Te escucho…
Histérica®: Ya se fue la hija de mi amiga. ¡¡No sabés lo que me dijo!! ¡Que la madre no le había dejado traer el nene por que acá roban bebés!. Yo no se de donde sacó semejante estupidez mi amiga.
Psicólogo Enojado: (Indignado). ¿Vos te escuchas lo que estás diciendo?
Histérica®: ¡Por supuesto! Mi amiga siempre inventa cosas, como si allá no robaran bebés.
Psicólogo Enojado: (Pensando en denunciarla al ministerio por posesión ilegítima de matricula profesional) ¿Dónde pudo haber escuchado “semejante estupidez”?
Histérica®: En Crónica, obvio. Ella siempre mira Crónica.
Psicólogo Enojado: (Imaginando una placa roja con su nombre y el mío vinculados a través de la palabra “asesinato”) ¿Te acordás lo que hablamos hace cuatro días?
Histérica®: No.
Psicólogo Enojado: Te voy a decir dos cosas. Se lo dijiste vos para que, justamente, no traiga a la hijita. Empezá terapia por el amor de Dios.
Histérica®: Hay… yo no dije eso.
Psicólogo Enojado: ¿Vos te das cuenta que estás haciendo terapia conmigo?
Histérica®: ¡¡Yo te llamo como amigo, no para que me analices!!
Psicólogo Enojado: ¿Vos me estás jodiendo? Vivís adentro de un lapsus cuando hablás conmigo, esperás mi opinión “profesional” todo el tiempo y ¿no estás haciendo terapia conmigo?
Histérica®: Está muy mal que me analices.
Psicólogo Enojado: Si te analizara de verdad, te interno.
Histérica®: No seas malo.
Psicólogo Enojado: Malo sería si te dejara andar por la vida haciendo el ridículo como lo estás haciendo ahora. ¡Tenés suerte de que sea yo el que te está escuchando y no otro colega que saque peores conclusiones!
Histérica®: Bueno, por eso mismo hablo con vos y no con otro.
Psicólogo Enojado: Voy a hacer de cuenta que no dijiste eso y que en su lugar dijiste “la semana que viene empiezo terapia”.

4 comentarios:

  1. Pregunta: la Histérica, sigue llamando o fue a terapia???
    Buenísimo!!!

    ResponderEliminar
  2. Sigue llamando pero ya no hace más terapia telefónica conmigo :)

    ResponderEliminar
  3. Osea que lograste algo! Felicitaciones y muy buenos tus relatos

    ResponderEliminar
  4. Soy psicologa recién egresada,cuando comence a leer el primer relato pense "este tipo es un frustrado" pero la verdad me atraparon y es muy cierto lo que decis pero hay que tener valor suficiente para asumirlo y poder expresarlo con el suficiente humor como para tolerarlo.

    ResponderEliminar